Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Si contábamos con tiempo, buscábamos un sitio tranquilo y desierto, hasta encontrar un buen agarradero para anclas. Sacábamos la ballenera y el bote, los anclábamos, los unĂamos con tablones, formando una balsa, y a Ă©sta la lastrábamos con los cañones. Luego fijábamos en la balsa una polea, atábamos una amarra a la primera cofa del palo mayor, y a proa y a popa echábamos dos anclas.
Después, al mismo tiempo, con los cabrestantes empezábamos a estirar las amarras atadas al palo mayor y a las dos anclas, hasta conseguir que el barco se tumbase por una banda y descubriera la quilla.
Antes habĂa que calafatear las aberturas de un lado, para que no entrase el agua. PonĂamos unos andamios, raspábamos toda la parte descubierta y volvĂamos a torcer el casco al lado contrario y a rasparlo.
Todas las precauciones eran pocas para poder huir rápidamente, en caso de ser perseguidos.
