Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia El tal Tristán, o como se llamara, no nos dio suerte; desde que entró en El Dragón no hicimos un viaje feliz. Del estrecho de la Sonda fuimos a Mozambique[204], y fondeamos cerca de Quelimane, en una rÃa conocida por el capitán.
El nuevo piloto querÃa presenciar el embarque de negros. SolÃamos llevar las luces roja y verde reglamentarias, y al acercarnos a tierra se ponÃa un farol grande de luz blanca en el palo de proa.
Un centinela se colocaba en el bauprés y avisaba cuando veÃa brillar un fanal rojo.
Al momento, el intérprete, el doctor Cornelius y Zaldumbide iban a tierra con la chalupa. En la factorÃa les esperaba el agente.
El Dragón entraba en el rÃo despacio, navegando sólo con las velas triangulares del foque y alguna del palo de proa.
Al meternos en el rÃo preparábamos las cuatro anclas. Al mismo tiempo yo me dedicaba a sondar. Llenaba el agujero de la gruesa bala de sebo, le daba vueltas en el aire como una honda y la despedÃa lo más lejos posible. Luego le decÃa al piloto las brazas con que contábamos.
—¿Qué fondo tenemos? —preguntaba él.
Yo sacaba la sonda para que viese si era arena, fango, trozos de coral o de concha.