Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia El capitán quería desquitarse a toda costa. Había calculado la cantidad de agua necesaria para el viaje; pero estos cálculos en barcos de vela, como usted sabe, no tienen mucho valor.
El Pacífico es muy grande, el viaje largo; éramos demasiada gente y el agua nos había de perder[208].
Por la noche comenzó el embarque de los chinos. Venían en unas canoas de dos velas de esteras que allí llaman tancales; se acercaban al barco e iban subiendo por la escala, entrando por el portalón y desapareciendo por la escotilla de la bodega.
La ballenera nuestra fue y vino varias veces. Por la noche entraban los trescientos chinos en el barco.
—¿Cuándo salimos? —preguntó Ugarte.
—En seguida; cuando haya viento —contestó el capitán.
El piloto mandó la maniobra. Salió el bote para levar el ancla, el cabrestante comenzó a chirriar para levantarla, las velas se tendieron en los palos, y unos momentos después zarpábamos con viento fresco.
Al pasar a la altura de Cabo Engaño recogimos al antiguo piloto Ugarte, que había salido en un junco a nuestro paso. Ugarte, por lo que dijo, había vivido en Filipinas, y estaba aburrido de aquello y quería marcharse a América.