Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Venía en el barco un indiano vascongado que embarcó en Buenos Aires en mi barco. En todo el viaje de América a Europa no se atrevió a hablarme. Debía de ser hombre muy tímido. Luego, en el vapor que nos llevaba a Bayona, se acercó a mí y hablamos. Había pasado veinticinco años en las pampas hasta enriquecerse. No tenía familia y no sabía qué hacer ni en dónde fijar su residencia.
Era todavía un hombre en pleno vigor, grueso, fuerte, de facciones nobles, de pelo gris.
Me dio mucha pena, y al oírle olvidé mis preocupaciones. Aquel hombre era un Hamlet, un Hamlet campesino, uno de los hombres que me han producido una impresión más triste y desconsoladora[231].
Este Hamlet indiano me recordó esa canción vasca de un epicureísmo algo grotesco, que dice así:
Munduan ez da guizonic
Nic aña malura dubenic
Enamoratzia lotzatzenau
Ardo eratia moscortzenau
Pipa fumatzia choratzenau
¡Ay zer consolatucotenau!
(En el mundo no hay hombre de tan mala suerte como yo. El enamorar me avergüenza, el beber vino me emborracha, el fumar en pipa me marea. ¡Ay! ¿Qué me va a consolar a mí?)[232]