Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —¿Qué será esto? —pregunté yo. Parece pólvora.
—Lo es —contestó Garmendia—. El que le ha mandado a usted esto no es un amigo. Probablemente si llega usted a intentar abrir la caja, lo hubiera usted pasado muy mal.
Hicimos otro boquete en el metal y sumergimos la caja en agua para que la pólvora se humedeciese, y a los dos dÃas, cuando ya se notaba que toda la pólvora estaba mojada, abrimos la caja. HabÃa dentro un mecanismo ingenioso, formado por varios tubos de pistola en forma de abanico, que disparaban al meter la llave en la cerradura y abrir la tapa. Según me dijo Garmendia, unos años antes habÃan enviado una caja igual al general EguÃa[249], y al abrirla se le destrozaron las manos.
Tampoco quise dar parte a la autoridad de esta tentativa de asesinato de MachÃn; lo que sà hice fue contar lo ocurrido a la Cashilda y advertirle que si venÃa algo de fuera para Mary, no se lo diese. Ella, horrorizada, me dijo que no tuviese cuidado; si algo llegaba, ella lo detendrÃa y me lo enviarÃa.
Una semana después, la Cashilda me entregó un periódico de Bilbao que se habÃa recibido para Mary. Me pareció la previsión un tanto exagerada; pero al leerlo, creà que me habÃa salvado de un peligro tan grande como el de la caja explosiva.