Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia ¡A babor! ¡A estribor!
¡Buen viaje! ¡Buen pasaje!
¡Fuego! ¡Hurra, lorito!
Yo encontraba en las palabras de aquel pajarraco verde un fondo de ironÃa que me molestaba. La Iñure me contó que una vez, hace mucho tiempo, un loro que tenÃa un marino de Elguea lo denunció, y por él se supo que su amo habÃa sido pirata.
A pesar de la ciencia y de las habilidades de todos los de su clase, Paquito me era muy antipático; nunca querÃa contestarme cuando le preguntaba si era casado, y una vez estuvo a punto de llevarme un dedo de un picotazo. Desde entonces le miraba con rabia, y, de cogerlo por mi cuenta, le hubiera atracado de perejil hasta enviarlo a decir sus relaciones al paraÃso de los loros. También tenÃa mi abuela una caja de música, ya vieja, con un cilindro lleno de púas, a la que se le daba cuerda; pero estaba rota y no funcionaba[17].