Las inquietudes de Shanti Andia

Las inquietudes de Shanti Andia

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Al día siguiente teníamos el vómito negro en el barco. Alguno encontró en el cuarto del médico un frasco con polvos de quina. Hicimos una poción para los enfermos. De veinte atacados se nos murieron ocho.

Ugarte tuvo la humorada de sublevar algunos marineros estando el barco atacado de fiebres. Quería que cambiásemos de nombre a El Dragón y nos dedicáramos a la piratería por el Pacífico.

Tuve que arrestar a aquel loco.

Después de una travesía larga y llena de peripecias, llegamos frente al Estrecho de Magallanes; pero como no teníamos viento favorable, decidí bajar y doblar el Cabo de Hornos.

Pasamos por el Cabo Deseado y el de la Desolación[285], con un frío muy intenso y tiempo claro; pero al llegar a la altura de la isla de Wollaston[286] se nos echó encima una bruma densísima, que no se quitó en una porción de días.

La prudencia nos aconsejaba detenernos, pero yo seguí. Varias veces estuvimos a punto de chocar con grandes bloques de hielo que venían flotando. Estos bancos de hielo nos servían para hacer la aguada.


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