Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Ugarte estaba enfermo, irritado por los castigos, y me excitaba preguntándome si es que tenÃa miedo.
Yo traté de convencerle de que habÃa que conservar la energÃa para los momentos graves, sin malgastarla estúpidamente en rabiar por cosas fútiles; además, le advertà que la condición indispensable para que aceptase un plan de fuga era el que fuese sencillo. La única garantÃa del éxito era la sencillez.
Nos asociamos Ugarte, Allen y yo. Discutimos varios dÃas un plan, hasta que llegamos a aceptar uno. ConsistÃa éste en hacer un agujero en el muro de la barraca donde dormÃamos, para salir a cubierta. De aquà habÃa que subir a la toldilla, que ocupaba casi la mitad posterior del barco, descolgarnos por las galerÃas de la cámara del comandante con una cuerda, y echarnos al mar.
Yo puse como condición previa que no nos defendiéramos ni matáramos a nadie. Era tan difÃcil salir del pontón, ganar la costa y salvarse, que habÃa que pensar que tenÃamos cien probabilidades contra una de volver.
Comenzamos los preparativos, Ugarte habÃa recibido dinero y estaba dispuesto a pagar.
Por mediación de nuestra masonerÃa nos trajeron unas limas, una sierra, una brújula de bolsillo y manojos de cáñamo para hacer cuerda.