Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Si vierais lo ridÃculos que estáis con ese caparazón de barro, negro como el de un cangrejo, no os pondrÃais a reñir.
Dimos vuelta a la punta arenosa en que nos encontrábamos, y llegamos a una playa en donde el agua estaba limpia. Nos lavamos lo mejor que pudimos, frotándonos con manojos de hierbas para quitarnos la capa de grasa y barro que nos cubrÃa, y nos pusimos la ropa. No sabÃamos qué hacer: si echar a andar o esperar a que llegara la mañana. Por gusto, hubiéramos comenzado a marchar inmediatamente, pero nos retenÃa la esperanza de encontrar el bote visto el dÃa anterior por Allen.
Decidimos, por último, quedarnos, y estuvimos en aquel mismo sitio esperando a que se hiciera de dÃa.