Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Volvà al barco y esperé a que llegara Allen. Este traÃa vÃveres, que devoramos, y una botella de cerveza. Después de comer dijo:
—Ahora les tengo que contar lo que me ha pasado y la proposición que me han hecho. He ido al pueblo, he entrado en la tienda a comprar la comida; me han preguntado quién era, de dónde venÃa. Les he contado la historia de un naufragio, y me ha dicho el tendero:
—Si quiere usted trabajar, ahà en el pueblo de al lado hay una finca donde necesitan gente.
He tomado la carretera y he ido a la finca; se me ha presentado un joven moreno, y, al ver que me aceptaba sin inconveniente, le dije que venÃan dos compañeros conmigo.
De pronto el joven moreno me dijo:
—Vosotros sois corsarios.
—No, no.
—Aunque os hayáis escapado de algún pontón, no me importa. Si trabajáis bien os pagaré como a los demás. ¿Los otros compañeros son también irlandeses?
—No, son españoles.
—Me es igual. Con tal de que no sean ingleses, los acepto.
—Me despedà de él —continuó diciendo Allen— y vine corriendo aquÃ[304].