Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Tienes que ir —me decÃa mi futura suegra— a ver a ese español, a que te diga dónde está el tesoro de Zaldumbide. Y a eso venimos. Usted pónganos sus condiciones.
—Yo, ninguna. Soy rico, no tengo necesidad de nada. Les daré la indicación. Sólo deseo que tengan ustedes mejor suerte.
—Sin embargo…
—Nada, nada.
Les di la indicación, traducida del devocionario de Allen, y se fueron, después de darme las gracias efusivamente.
Un año después recibà una carta del joven Small y un paquete pequeño:
«El tesoro nos ha dado mala suerte —decÃa—. Fuimos al Nun con una tropa de quince hombres armados. Al ver que descubrÃamos las cajas enterradas y nos las llevábamos, Ryp y los suyos nos atacaron a la desesperada. En la refriega, Smiles y Ryp murieron; Van Stein quedó malherido y dos de nuestros hombres cayeron prisioneros. Yo cogà una fiebre y no me he curado todavÃa de ella».
En el paquete venÃan dos grandes perlas que Small me enviaba. Me repugnaba quedarme con ellas; no quise enseñarlas a mi mujer, y, subiendo al Izarra, las eché al mar.