Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia »Quebrantado, cercado, cuando se vio irremisiblemente perdido, Lope, sacando su daga, la hundió hasta el puño en el corazón de su hija, que era todavÃa una niña.

»—No quiero —dijo— que se convierta en una mala mujer, ni que puedan llamarla, jamás, la hija del Traidor.
»Después mandó a uno de sus soldados fieles que le disparara un tiro de arcabuz.
»El soldado obedeció.
»—¡Mal tiro! —exclamó Lope al primer disparo, al notar que la bala pasaba por encima de su cabeza.
»Y cuando sintió, al segundo disparo, que la bala penetraba en su pecho y le quitaba la vida, gritó, saludando a su matador, con una feroz alegrÃa:
»—Este tiro ya es bueno.
»Realmente, Lope de Aguirre era todo un hombre.
»Después de muerto le cortaron la cabeza y descuartizaron el tronco, conservándose la calavera en la iglesia de Barquisimeto, encerrada en una jaula de hierro».
Esto es lo que cuenta Cincunegui en sus Recuerdos históricos de Lúzaro, y, poco más o menos, es lo que decÃa el libro de casa de mi abuela, aunque con muchos más detalles y comentarios.