Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia La historia de la Iñure me sobreexcitó aún más, y exaltó mi imaginación hasta un grado extremo. De noche me figuraba ver a mi tÃo en su calabozo, lamentándose, desnudo, con las letras grabadas en la espalda, que se destacaban de un modo terrible.
Por esta época, y para que se fijara más en mà la memoria de mi tÃo, se celebró su funeral en Lúzaro. Al parecer, mi abuela recibió del cónsul de un pueblo de Irlanda una carta participándole que Juan de Aguirre habÃa muerto. ¿Pero era verdad? La Iñure aseguró, rotundamente, que no.
Recuerdo muy bien el dÃa del funeral; tan grabado quedó en mi memoria.
Mi madre me despertó al amanecer; ella estaba ya vestida de negro; yo me vestà rápidamente, y salimos los dos al camino con la Iñure.
Era una mañana de otoño; el pueblo comenzaba a desperezarse, las brumas iban subiendo por el monte Izarra y del puerto salÃa, despacio, una goleta.
Llegamos a Aguirreche; estuvimos un momento, y después, mi abuela, la tÃa Úrsula y mi madre, vestidas con mantos de luto, y yo con la Iñure, nos dirigimos a la iglesia.