Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Nuestra inclinación aventurera, en la cual latÃa ya la inquietud atávica del vasco, pudo aumentarse más oyendo las narraciones de Yurrumendi el piloto, el viejo y fantástico Yurrumendi, amigo y contertulio de Zelayeta padre.
Eustasio Yurrumendi habÃa viajado mucho; pero era un hombre quimérico a quien sus fantasÃas turbaban la cabeza. Todos tenemos un conjunto de mentiras que nos sirven para abrigarnos de la frialdad y de la tristeza de la vida; pero Yurrumendi exageraba un poco el abrigo.
Era Yurrumendi un hombre enorme, con la espalda ancha, el abdomen abultado, las manos grandÃsimas, siempre metidas en los bolsillos de los pantalones, y los pantalones, a punto de caérsele, tan bajo se los ataba.
TenÃa una hermosa cara noble, roja; el pelo blanco, patillas muy cortas y los ojos pequeños y brillantes. VestÃa muy limpio; en verano, unos trajes de lienzo azul, que a fuerza de lavarlos estaban siempre desteñidos; y en invierno, una chaqueta de paño negro, fuerte, que debÃa de estar calafateada como una gabarra. Llevaba una gorra de punto con una borla en medio. Era soltero, vivÃa solo, con una patrona vieja; fumaba mucho en pipa, andaba tambaleándose y llevaba un anillo de oro en la oreja.