Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Itsastarra oh! oh!
Balesaquiyoc.
Lo que querÃa decir en castellano: «¡Sácale! ¡Dale! A ese de adelante, agárrale. Ahà está, ahà está, cuélgale, marinero, ¡oh! ¡oh! Puedes estar satisfecho»[50].
Nadie cantaba esta canción como Yurrumendi; al oÃrla, yo me figuraba una tripulación de piratas al abordaje, trepando por las escalas de un barco, con el cuchillo entre los dientes.
Para Zelayeta y para mÃ, los relatos de Yurrumendi fueron una revelación. Estábamos decididos; serÃamos piratas, y después de aventuras sin fin, de desvalijar navÃos y bergantines, y burlarnos de los cruceros ingleses; después de realizar el tesoro de viejas onzas mejicanas y piedras preciosas, que tendrÃamos en una isla desierta, volverÃamos a Lúzaro a contar, como Yurrumendi, nuestras hazañas. Si por si acaso tenÃamos loro, para que no nos denunciase, como contaba la Iñure, le atarÃamos una piedra al cuello y lo tirarÃamos al mar.
Zelayeta hizo el plano de la casa que construirÃamos fuera del pueblo, en un alto, cuando volviéramos a Lúzaro[51].