Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Con aquella claridad de eclipse vimos entre las olas la lancha que intentaba acercarse a la goleta encallada.
—¿Es tu padre el que va de patrón? —le pregunté yo a Recalde.
—No, es Zurbelcha —me dijo él.
Zurbelcha, envuelto en el sudeste, encorvado hacia adelante, llevaba el remo que hacÃa de timón, era el práctico que conocÃa mejor la costa y los arrecifes.
Un movimiento a destiempo, y la lancha se estrellarÃa entre las rocas. Zurbelcha tenÃa los nervios de acero, y una precisión de algo matemático.
Los remos se hundÃan y se levantaban rÃtmicamente; a veces los remeros daban una pasada para atrás, con el objeto de no avanzar, sin duda esquivando alguna roca. Olas como montes y nubes de espuma ocultaban, durante algún tiempo, a aquellos valientes.
En la cubierta del barco encallado, dos hombres y una mujer accionaban y gritaban. El viento nos trajo sus voces.
La lancha se fue acercando al costado de la goleta, estuvo sólo un momento junto a ella, y se desasió violentamente del casco del buque perdido y se hundió entre las espumas. Los dos hombres y la mujer desaparecieron de la cubierta.