Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia 
Al asomarme por la borda, una bandada de pájaros y de gaviotas levantó el vuelo, y tal impresión me hicieron que por poco me caigo al mar.
Algunas de aquellas furiosas aves me atacaban a picotazos y revoloteaban alrededor de mà lanzando gritos agudos. Con un trozo de amarra pude defenderme y hacerlas huir.
—¿Qué pasa? —gritó Recalde.
—Nada —dije yo—. Son pájaros. Se puede subir.
—Echa esa cuerda.
Les eché una cuerda, que ataron al Cachalote, y luego, saltando como yo, de una piedra en otra, subieron al barco.
Tomamos posesión, solemnemente, del Stella Maris. Fue lástima que no tuviéramos el cañón de la cueva del rÃo para saludar con salvas nuestra primera conquista.