Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval ROSA Y AURORA
A ROSA CRUZ, escritora de talento y que, en realidad, se llamaba y se llama Antonia González, la conocà —dice el licenciado Latorre— en la imprenta donde yo trabajo. Estaba por entonces corrigiendo las pruebas de su novela Desencanto, que tuvo bastante éxito. Antes se habÃa distinguido con un libro de crónicas.
Desencanto era una obra erótica, excesivamente libre; una pintura realista de las desilusiones del matrimonio desde el punto de vista femenino y masculino.
Como Rosa Cruz tomaba confianza en seguida con la gente, yo le pregunté:
—Pero ¿usted está casada?
—SÃ.
—Pues este libro no le va a gustar a su marido.
—¡Bah! No le importa.
—¿Es tan filósofo?
—A la fuerza tendrá que serlo.
De la lectura de su libro y de su actitud parecÃa deducirse que Rosa era una mujer apasionada que vivÃa con un hombre frÃo e insensible. Yo le daba algunas bromas, que ella me devolvÃa con creces. La tenÃa por una mujer graciosa, imprevisora y alegre. Luego me dijeron que no, que era una enchufista de primera fuerza y que en cuatro años habÃa pasado de maestra de un pueblecito de la Mancha a tener dos buenos destinos en Madrid.
