Locuras de Carnaval

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V

LA TERTULIA EN CASA DE PASTELILLOS

MERCEDES, la hija de Pastelillos, era el mirlo blanco de la casa. Sus dos hermanas mayores, holgazanas, malhumoradas, envidiosas y chillonas, hacían lo posible para huir los trabajos desagradables. Mercedes, no; aceptaba todas las faenas y llevaba una vida oscura, fregando platos y limpiando suelos sin protesta.

Su padre, el cocinero, otra víctima, hubiera preferido sacarla de aquel ambiente, pero era la única persona de la familia en quien tenía confianza, y por egoísmo y por necesidad la cargaba de trabajo.

Pastelillos tenía en la cocina a sus órdenes dos mujeres ya viejas y un pinche. Por las mañanas limpiaban la casa la Pepa y la Mercedes.

El camarero Fructuoso se las echaba de elegante. Era el Petronio de los mozos de comedor. Por la mañana iba a la nueva piscina del Manzanares, a la Playa, y después de sumergirse en la onda líquida volvía.

Se rizaba el pelo, se acicalaba y cuidaba mucho de sus manos. Vestía, para ejercer sus funciones en el restaurante, pantalón negro y una chaquetilla blanca muy limpia.

A Fructuoso le molestaba la gente ordinaria; no le gustaba salir el domingo ni codearse con la chusma.

«No hay en la calle más que horteras y criadas», decía.


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