Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval LA TERTULIA EN CASA DE PASTELILLOS
MERCEDES, la hija de Pastelillos, era el mirlo blanco de la casa. Sus dos hermanas mayores, holgazanas, malhumoradas, envidiosas y chillonas, hacían lo posible para huir los trabajos desagradables. Mercedes, no; aceptaba todas las faenas y llevaba una vida oscura, fregando platos y limpiando suelos sin protesta.
Su padre, el cocinero, otra víctima, hubiera preferido sacarla de aquel ambiente, pero era la única persona de la familia en quien tenía confianza, y por egoísmo y por necesidad la cargaba de trabajo.
Pastelillos tenía en la cocina a sus órdenes dos mujeres ya viejas y un pinche. Por las mañanas limpiaban la casa la Pepa y la Mercedes.
El camarero Fructuoso se las echaba de elegante. Era el Petronio de los mozos de comedor. Por la mañana iba a la nueva piscina del Manzanares, a la Playa, y después de sumergirse en la onda líquida volvía.
Se rizaba el pelo, se acicalaba y cuidaba mucho de sus manos. Vestía, para ejercer sus funciones en el restaurante, pantalón negro y una chaquetilla blanca muy limpia.
A Fructuoso le molestaba la gente ordinaria; no le gustaba salir el domingo ni codearse con la chusma.
«No hay en la calle más que horteras y criadas», decía.
