Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval DOS AMIGOS
JULIÁN ISASI —de Isasi se firmaba él—, de unos treinta años por entonces, empleado en una embajada, se caracterizaba por su bondad, por su candidez y un poco por su fatuidad y su petulancia. Si hubiera sido vizconde y diplomático, hubiera sido el hombre más feliz del mundo.
Sus aspiraciones se condensaban en unas tarjetas que se hizo en París, en donde estuvo unos días, y que decían así:
JULIÁN DE ISASI
Del Cuerpo Diplomático
Hôtel d’Orsay
Isasi se creía un pozo de ciencia y de maquiavelismo, lo que no le impedía ser un cándido.
Para él, sus amigos eran los seres más ingeniosos y más interesantes que podían encontrarse. No sabía lo que era la envidia; no la comprendía, y cuando quería mostrarse malintencionado, para echárselas de corrido ponía de relieve su extraña ingenuidad.
