Locuras de Carnaval

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II

PURA DONI

MANOLO GOLFÍN había decidido en su fuero interno que para llevar una vida medianamente agradable necesitaba ganar, por lo menos, mil quinientas pesetas al mes, y las ganaba. Se movía mucho, trabajaba con ímpetu, hacía lo necesario para su objeto. Escribía artículos y crónicas, traducía comedias, colaboraba en periódicos de provincias, componía cuplés y daba conferencias por la radio. En una de estas conferencias conoció a Pura Velasco, vecina y amiga del licenciado Latorre en la casa de la calle del Pez.

La Puri era una muchacha guapa, rozagante, rubia. De una familia antes rica y venida a menos, llevaba una vida aperreada. Tenía que sostener a su madre enferma y a una hermana de esta apocada y ñoña.

La Puri conocía la miseria y había ido muchas veces a empeñar alhajas y ropas a la casa de préstamos del primer piso: El Mundo Comercial. Su amistad con Mercedes, la hija de Pastelillos, le proporcionó una pequeña colocación: la de llevar las cuentas en el restaurante Casa Justo.

Naturalmente, este trabajo, para ella difícil, lo consideraba como provisional y ansiaba dejarlo. La Puri tenía muy buena voz, estudiaba música y pensaba llegar a entrar en el teatro. Para darse a conocer comenzó a cantar por la radio. Le pagaban poco, pero le pagaban algo.


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