Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval PURA DONI
MANOLO GOLFÍN había decidido en su fuero interno que para llevar una vida medianamente agradable necesitaba ganar, por lo menos, mil quinientas pesetas al mes, y las ganaba. Se movía mucho, trabajaba con ímpetu, hacía lo necesario para su objeto. Escribía artículos y crónicas, traducía comedias, colaboraba en periódicos de provincias, componía cuplés y daba conferencias por la radio. En una de estas conferencias conoció a Pura Velasco, vecina y amiga del licenciado Latorre en la casa de la calle del Pez.
La Puri era una muchacha guapa, rozagante, rubia. De una familia antes rica y venida a menos, llevaba una vida aperreada. Tenía que sostener a su madre enferma y a una hermana de esta apocada y ñoña.
La Puri conocía la miseria y había ido muchas veces a empeñar alhajas y ropas a la casa de préstamos del primer piso: El Mundo Comercial. Su amistad con Mercedes, la hija de Pastelillos, le proporcionó una pequeña colocación: la de llevar las cuentas en el restaurante Casa Justo.
Naturalmente, este trabajo, para ella difícil, lo consideraba como provisional y ansiaba dejarlo. La Puri tenía muy buena voz, estudiaba música y pensaba llegar a entrar en el teatro. Para darse a conocer comenzó a cantar por la radio. Le pagaban poco, pero le pagaban algo.
