Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval VUELTA AL CEMENTERIO
AÑOS DESPUÉS, en un momento de renovación de romanticismo, a MarÃa Luz se le ocurrió visitar las tumbas de sus padres y de Enrique, que estaban en el cementerio de Isidro. La visita no le hizo más que un efecto mediocre.
Luego, en su casa, leyó las cartas de Enrique de cuando eran novios y que guardaba cuidadosamente. Pensaba que le harÃan una gran impresión. Las leyó, sin duda, con excesivo sentido crÃtico, porque le parecieron pobres, protocolares, llenas de lugares comunes.
«El pobre Enrique no era un escritor», pensó.
Unos dÃas más tarde se le ocurrió ir al cementerio de San MartÃn a rezar en el sepulcro del general Heredia, el amable viejo que habÃa protegido sus amores con Enrique cuando ella y él eran aún niños. Al menos con la muerte no podÃan existir desilusiones. También existÃan. El camposanto lo estaban desmontando, y la tumba del general habÃa desaparecido.
Un hombre grueso con un guardapolvo gris, una gorra con galones y una colilla en los labios se acercó a MarÃa Luz a preguntarle qué buscaba.
—Busco la tumba del general Heredia —contestó ella.
—¡El general Heredia! Venga usted por aquÃ. Aquà debe de estar.
