Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval UN JOVEN AFORTUNADO
AUNQUE USTED no lo crea, señora mía, es tan difícil pintar con exactitud la vida de los pobres como la de los ricos.
No suponga usted que la existencia mísera y atropellada es más fácil de representar en literatura que la fácil y abundante, porque no es cierto. Cualquiera de las dos constituye empresa ardua, aunque hoy sea poco estimada por el público.
Solo aciertan en ello los privilegiados. ¿Por qué, al cabo de cerca de cuatro siglos, vive todavía una relación escrita a la ligera, sin adornos ni arrequives retóricos, como El lazarillo de Tormes? Solo por la exactitud en el trazo. La verdad es una de las facetas, quizá la más importante, de la belleza.
Pintando la vida de la gente pobre se puede dar o fingir mejor el carácter; refiriéndose a la rica se le presta un aire de elegancia con más facilidad; pero los toques firmes, justos, auténticos, lo que perdura, en último término, lo que hace que hoy se pueda leer El lazarillo es igualmente difícil teniendo como modelos a pobres o a ricos, a elegantes o a desastrados.
Como usted quiere una historia de alta sociedad, le voy a contar una que oí hace años en Londres y que en parte asistí a su desenvolvimiento, porque conocí al personaje.
