Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval PEQUEÑO HEROE DEL TIEMPO
HACE DOS AÑOS, un dÃa de agosto —dice el licenciado Latorre— apareció en el comedor de Casa Justo, por mal nombre, Casa de Pastelillos, un joven gomoso que llamó la curiosidad de los concurrentes. Era pálido, rubio, esbelto, de nariz larga, ojos azules y labio inferior un poco colgante. TenÃa aire de aristócrata; vestÃa con cierta afectación terno claro, camisa de color y zapatos blancos. Llevaba una sortija grande en un dedo de la mano derecha con un sello con escudo.
Después de comer subió a casa de la Pepa y estuvo hablando con mucha animación, a juzgar por las risas y la algazara.
Al dÃa siguiente pregunté a mi vecina quién era aquel muchacho y me dijo:
—Es mi sobrino Adolfo.
—Tiene usted un sobrino muy elegante.
—Sà —y se echó a reÃr.
Alguna que otra vez el joven apareció por el comedor de Pastelillos, y un dÃa la Pepa me dijo que iba a llevar a vivir con ella a su sobrino Adolfo.
—Muy estrechos van ustedes a estar tanta gente en una casa pequeña —le indiqué.
—Ya veremos qué combinación hacemos —contestó ella.
