Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Riego y yo no comulgábamos en las mismas ideas y nos saludamos poco efusivamente. Era Riego entonces un joven moreno, bajito, de cara larga y chupada y cabeza grande para su estatura. Tenía ojos expresivos y lánguidos, la voz chillona, de un timbre muy agudo, y el pelo negro y abundante. Estaba en Francia desde que fue hecho prisionero en la batalla de Espinosa; había aprendido muy bien el francés, y era de los afiliados a la masonería.