Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte LA FERIA DE CLIGNANCOURT
EL ESCULTOR, que había quedado de acuerdo con Elorrio y Escalante en ir a buscarlos, fue un domingo por la mañana a llevarlos a la feria de Clignancourt, el más acreditado Mercado de Pulgas (Marché aux Puces) de París.
Este rastro parisiense se extendía desde la Puerta de Clignancourt a la Puerta de Saint-Ouen, en la zona septentrional de París. En otro tiempo próximo aún, Saint-Ouen había sido un barrio de anarquistas donde se cometieron los atentados del famoso Ravachol.
Aquella feria era por entonces el más conocido y celebrado de los mercados de cosas viejas de París. Tenía un carácter animado y pintoresco y, al mismo tiempo, melancólico de esos cementerios de cuadros, estatuas, libros y aparatos de todas clases que representan la ruina de miles de gentes, aunque sirvan después para sostener la existencia de no pocas familias.
Aquellos puestos de la Feria de Pulgas, la mayoría, eran misteriosos. Tenían una parte para el público, otra interior con especialidades para aficionados conocidos y, a veces, otra todavía más interna que daba a algún callejón, en donde había grandes espejos, armarios, cuadros y objetos de China.
