Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte TEORĂŤAS
—EL ESPAĂ‘OL ACTUALMENTE está encerrado en su utopĂa y no acepta nada de los demás. Haga lo que haga y diga lo que diga. AsĂ es muy difĂcil que puedan entenderse —dijo Evans.
—Yo creo que las artes, por ahora, están muertas y que quizá no resuciten —indicó Elorrio—. La literatura, por ejemplo, en este medio siglo, ¿qué ha hecho?, ¿qué ha dejado? Yo creo que nada. La pintura y la escultura, lo mismo, nada. Y la música, menos que nada.
—¡Qué optimista es este hombre! —dijo Escalante riendo.
—Yo asà lo creo, la verdad.
—Según usted, ¿vamos a algo asà como una Beocia? —preguntó Evans.
—SĂ, a una Beocia que al principio será agitada y violenta, pero que luego se tranquilizará y se convertirá en un rebaño estĂşpido y pacĂfico.
—Es una perspectiva tranquilizadora.
—Vivimos en una Ă©poca mediocre y cruel —dijo Elorrio—. Cuando se llegue a una Ă©poca mediocre y apacible, la gente estará contenta. Ahora puede suceder que este pobre ideal mediocre no se pueda alcanzar y se repita en la sociedad la historia del anillo de PolĂcrates.
—No sé cuál es —dijo Evans.
