Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte COMENTARIOS DE PAGANI
YA EN LA CALLE, Pagani dijo al inglés que le acompañara a una cervecerÃa del bulevar de Clichy, donde solÃa ir alguna que otra vez. Le podÃa convidar a tomar un café. No comÃa de noche más que eso: café con leche y un bollo. SolÃa tomarlo en el cuarto del hotel, pero a veces se aburrÃa de tener que calentar el café y la leche en el infiernillo de alcohol y de cenar en la soledad.
—Bueno, pues vamos donde usted quiera.
Tomaron el Metro, bajaron en el bulevar, entraron a la cervecerÃa, que no estaba llena, y Pagani preguntó con cierto interés:
—¿Qué le ha parecido a usted Madame Latour, amigo Evans?
—Muy bien. ¿Cómo se llama de nombre?
—Herminia.
—¿Y de apellido?
—Rosteguy.
—Es un apellido vasco.
—SÃ, creo que sÃ. Tiene un aire de gran dama, ¿verdad?
—SÃ.
—¿Y la chica?
—La chica me ha parecido muy inteligente, muy avispada y muy simpática.
