Los caprichos de la suerte

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II

A VENDER ALHAJAS

UNOS DÍAS DESPUÉS, Elorrio telefoneó de nuevo a Gloria para preguntarle cómo estaba y si le veía a Abel Escalante. Ella contestó que Escalante estaba en el mismo hotel del Palais Royal y que fuera a verle.

Elorrio fue. Escalante le encontró flaco y barbudo. Gloria vivía con su amiga Julia, mujer muy simpática, y un señor viejo que estaba en el hotel y que, al parecer, era hombre de buena posición, muy amigo de Gloria y de Julia.

Unos días después, Abel Escalante y Juan Elorrio iban a la plaza del Palais Royal. Escalante deseaba vender un rosario, una cruz y un medallón de oro que, con ese objeto, le había entregado una señora que estaba en el hotel. La señora era una vieja vasca, muy flaca, muy vieja, de aire decorativo. Se iba sosteniendo con la venta de algunas joyas antiguas, recogidas al emprender el destierro. Tenía una expresión muy curiosa y decidida. Se explicaba secamente y con seguridad. Se llamaba Madame Berastegui, no había dicho si tenía o no familia.

Escalante solía hablar mucho con ella en el hotel, no sabía si era soltera, casada o viuda.


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