Los pilotos de altura

Los pilotos de altura

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Otras veces dejaba alguna maniobra para mandarla en medio de la comida e interrumpirla de este modo.

El capitán se mostraba hombre exigente y malhumorado. Chimista no le hacía caso, le miraba como a un perro.

Oyarbide empezó a decirnos a los pilotos:

—A mí no me tratáis con bastante respeto. Yo tengo una cruz. Yo podría exigir que se me llamara usía o vuecencia[76].

—A este viejo imbécil le voy a dar un plastazo, que se va a acordar de mí —decía Chimista como en un aparte, pero para que se le oyera.

—¿Qué murmura usted ahí? —le preguntaba Oyarbide.

—Yo, nada. ¡Viejo imbécil! Lo mejor sería darle un golpe y tirarlo al mar.

—Hable usted claro —decía Oyarbide—; a mí no se me viene con murmuraciones. Hay que tratarme con más respeto.

—¡Bestia! ¡Idiota! Este hombre es como una mula vieja llena de caprichos. De él habría que decir: «Zarrago soroago» («Más viejo, más loco»).


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker