Los pilotos de altura
Los pilotos de altura —Déjalos —contestaba Chimista, riendo—. Están ahà pensando en su cabañita y en su princesa, pero si viene el caso son capaces de abrirle a cualquiera las tripas, lo mismo que nosotros.
Seguimos nuestro camino, y, al pasar por enfrente de las islas de Cabo Verde[125], una mañana amanecimos con todas las velas y la cubierta llenas de arena rojiza.
¡Quién habÃa de decir que el aire podÃa llevar aquel polvo a una distancia de cientos de leguas!