Los pilotos de altura
Los pilotos de altura a la vera de Guayana,
con un bosque de palmera,
de cocotero y caña. Vamonó,
china del arma
vamonó
a Puerto Rico iremonó.
Y después de Puerto Rico se hacía un calderón muy largo y expresivo, digno del cocotero y de la caña.
Cada capitán negrero que llevaba algún tiempo en la trata había adoptado alguna canción especial para los esclavos, cuando iban en el barco.
Chimista también cantaba y tocaba la guitarra para animar a los marineros; la mayoría estaban decaídos[132]; creían que se quedaban allí, y maldecían el día [en] que se les ocurrió ir a África.
La cosa era triste; el ver hombres jóvenes fuertes, que hacía pocos días aún eran capaces de toda clase de audacias, temblando de frío y castañeteándoles los dientes; otros, con la cara roja, delirando, gritando y riendo a carcajadas. El miedo unía a blancos y negros. Los negros tenían, quizá, menos miedo a las fiebres, porque las resistían mejor.
Todos los negros comían a las cuatro de la tarde. Se les daba entonces un plato de carne o de pescado, y, al poco tiempo, medio cuartillo de agua.