Los pilotos de altura
Los pilotos de altura Al ponerse el sol se acostaban y se cerraba la barraca, poniendo centinelas armados con cuchillo y sable, uno en cada ángulo de la barraca y dos en la puerta.
Había veces que los jóvenes ágiles, los muleques, se escapaban por los tejados; pero dando parte al reyezuelo, el desertor aparecía en seguida.
En tanto, los factores hacían sus compras, los corredores lincainms agenciaban más víveres para el viaje, se comenzaba la aguada y se preparaba el buque para recibir a los negros. Con la última remesa llegó el factor, y nos dijo que tenía compromiso con el Montañés para quedarse en África y comprar otros tres cargamentos.
El segundo y tercer pilotos se hallaban con calentura: Chimista, Lozano y yo fuimos en una lancha cabinda a hacer la descubierta por si algún buque de guerra aparecía a la entrada del río Congo. Salimos en la lancha con seis hombres a las once de la noche. Íbamos los tres blancos armados. A las dos de la madrugada nos suplicaron los negros que les dejáramos descansar, porque estaban fatigadísimos.
Chimista accedió, y mandó que aterraran en un manglar y amarrasen la lancha. Estos manglares son abundantes en las costas, en sitios cenagosos protegidos del viento y de las olas.