Los pilotos de altura

Los pilotos de altura

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La idea de que en el mundo su raza no había servido más que de pobre bestia de carga producía a Commoro una enorme tristeza. Respecto a él, de carácter enamoradizo, no tenía esperanzas. Una mujer negra no le comprendería, y una blanca no le querría o se avergonzaría de tenerle por marido. Commoro envidiaba, y, al mismo tiempo, despreciaba al Vizconde, que era blanco y rubio y tenía veleidades amorosas con las negras y hasta con los negros. El Vizconde afirmaba con petulancia que poseía todos los vicios.

Chimista aseguró que a él no le interesaba el dinero.

—Pues ¿qué te interesa?

—La aventura. Yo tengo la evidencia [de] que siempre podré vivir trabajando… o robando[142].

—No te hagas demasiadas ilusiones, Chim.

—Como quieras. Es una convicción mía.

—Cuando seas viejo, si no tienes dinero, tendrás que ir a un asilo.

—¡Psch! Me es igual.

Por entonces, Chimista no daba importancia a las cosas que dan como transcendentales las personas de juicio; yo, a veces, pensaba que todo le parecía igual y que no le interesaba nada.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker