Los pilotos de altura
Los pilotos de altura LOS DIOSES TIBURONES DEL CALABAR VIEJO[160]
AL HACERME LA PROPOSICIÓN DE OTRO VIAJE NEGRERO, no la rehusé. «¡Nada, adelante —me dije a mí mismo—; el que la sigue la mata!». Pensaba luchar a brazo partido con el destino adverso, hasta ver si lo vencía y llegaba a rico. Este era mi anhelo[161].
El viaje lo haría en la goleta Sultana. El capitán a quien yo sustituí estaba convaleciente de unas fiebres. La goleta había dejado su factor en África, dedicado a comprar negros, y debía volver para embarcarlos.
Me ofrecieron el mando, dándome ciento veinte duros al mes de sueldo y diez duros por cada negro que llegara a salvo. El armador era un gallego, Baltasar de apellido; el piloto, un tal Oliveras, de Cartagena.
La Sultana arbolaría bandera española; tenía ya a bordo aguada, sollado, calderos y todo lo necesario. En Puerto Rico hallé piloto, contramaestre, guardianes y veinte hombres de tripulación: gallegos, bretones, negros de Jamaica y dos chinos.