Los pilotos de altura

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Salimos de Río San Juan, despachados, para San Pablo de Loanda. Mis instrucciones eran dirigirme al puerto de Benguela[190] a recibir un cargamento de negros dispuesto para embarcar.

Pensaba que mi remontada sería muy breve. Marché, con brisas frescas, al este, hasta tanto que entré en los vientos variables del tercer cuadrante[191], y puse la proa al puerto de Benguela.

A los diecinueve días de mi salida me hallaba al norte de la isla de Santa Elena[192], cuando amaneció a mi costado, al salir el sol, una fragata de guerra. Izó la bandera inglesa y un gallardete, cargó sus velas y se acercó a nosotros. Yo le largué la bandera brasileña, y sin hacerle caso seguí mi rumbo. En esto me disparó un cañonazo sin bala; yo seguí adelante; pero empezaron a tirar con bala y hubo que detenerse.

Nos cogieron, como en los viajes anteriores, y nos llevaron a la isla de Santa Elena; el tribunal decidió que la presa era buena.

En la isla, otros marineros negreros me dijeron que, cuatro días más tarde, salía para Pernambuco[193] el bergantín alemán Hamburgués; todos tenían ya arreglado el pasaje por dos libras esterlinas y la obligación de comer con los marineros a proa.


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