Los pilotos de altura
Los pilotos de altura LA BOA
POR LA TARDE, Chimista y yo nos dedicamos a cazar; matamos bastantes pájaros, una pantera y un mono. Dejamos las piezas a los negros para que nos las llevaran a la factoría. Ya cansados, nos dirigimos a casa.
Chimista tenía un fusil inglés y yo un americano; no llevábamos apenas municiones. Las habíamos consumido.
Íbamos atravesando un bosque, cuando vimos una gran serpiente que se dirigía derecha hacia nosotros. Avanzaba con una gran rapidez, salvando los obstáculos por entre la maleza.
Chimista registró su cartuchera, vio que no tenía municiones, y me dijo:
—Corramos.
Echamos a correr, llegamos a un dragonal, de tronco muy espeso, y me dijo:
—Hala, sube tú.
Me ayudó a subir al árbol.
—Ahora, dame el fusil para que yo suba.
Le di el fusil y subió rápidamente. La serpiente venía persiguiéndonos.