Los pilotos de altura
Los pilotos de altura —Si lo que se cuenta de él es verdad, es un perfecto miserable. Parece que en su torre blindada tiene armas y municiones y una escalera pequeña, como de bombero, para poder bajar por fuera en caso de necesidad. Se dice que lleva una medalla en el cuello, colgada de una cadena, con un veneno muy activo. Es un hombre muy asustadizo. «Yo tengo la panofobia», suele decir, que no quiere decir el miedo al pan, sino el miedo a todo.
El doctor Mackra era, efectivamente, muy nervioso, tenÃa algo de gran serpiente, se mostraba lento y furibundo.
Por lo que me contó Chimista, el doctor Mackra practicaba trucos teatrales para producir efectos de verdadero regocijo entre los presentes; esta baterÃa de pilas eléctricas la aplicaba a un sillón cuyos brazos eran de cobre. Cuando le tenÃa alguno a quien querÃa intimidar sentado allÃ[214], le hablaba de su poder magnético y le soltaba una corriente eléctrica.
—¿Y tú le has conocido a ese hombre en Cuba? —le pregunté yo.
—SÃ; el doctor tiene un potrero con muchos negros en la Sierra Maestra, hacia Manzanillos[215], y cada dos o tres años hace un viaje a Filipinas; por lo que me han dicho, es también aficionado a las escenas de nigromancia y asusta a la gente haciendo aparecer espectros, para lo que tiene un gran surtido de cabezas y manos de cera, y de cortinas y manteles negros.