Los pilotos de altura
Los pilotos de altura FANTASÍAS MÉDICAS DE CHIMISTA
COMO ME HABÍA INDICADO CHIMISTA, a la semana de ir a vivir con él nos avisaron para presentarnos a bordo. El factor me escribió una carta diciéndome que a la madrugada del día siguiente se encontraría con todos los negros en la punta Baldonado, y que allí los embarcaría en ocho lanchas cabindas, ya preparadas.
Yo me dirigí con Chimista al fondeadero.
Estaban ya el doctor Mackra y sus amigos, entre ellos el Vizconde. A las seis llegó la primera caravana de negros y a las ocho y media se embarcó la última. Nos alejamos de la costa con un viento terral, y nos dirigimos con rumbo al Brasil, llevando en la bodega cuatrocientos treinta negros.
El mismo día, por la noche, yo sufrí un acceso fuerte de fiebre, y Chimista se encargó del mando del buque. Pasé unos días sin levantarme, porque tenía grandes dolores de cabeza.
Chimista tomó una ruta distinta de la acostumbrada. Marchó muy al sur, pasó a la vista de la isla Ascensión y trazó después varias curvas.
—¿Por qué llevamos esta ruta tan caprichosa? —le pregunté a Chimista.
—Por eso mismo. No hay datos para obrar racionalmente, y lo mejor es entregarse a la casualidad.
Cuando me encontré aliviado y pude levantarme, ayudaba lo que podía.