Los pilotos de altura
Los pilotos de altura Chimista solía reunirse con los oficiales en la toldilla de popa; a la tertulia iban algunas veces el doctor Mackra y el Vizconde. Allí se charlaba de muchas cosas. Chimista vencía a todos en conocimientos y en ingenio. Yo no sé de dónde sacaba aquellas historias que contaba, si las había leído o las inventaba. Sin duda era un hombre de gran imaginación, cosa que a mí, que no tenía ninguna, me maravillaba.
El Vizconde quería competir con él, pero no podía; el doctor Mackra escuchaba sombrío y malhumorado, haciendo algún comentario disimuladamente hostil a lo contado por Chimista.
Yo no he oído nunca tantas cosas raras como él decía. Contaba, además, con mucha gracia y dándole a todo una intención dramática.
Nos explicó cómo había visto en su juventud, en la costa de Inglaterra, tres cadáveres colgados y untados con alquitrán, que se balanceaban pendientes de una cadena en sus horcas correspondientes; añadió que le dijeron que aquellas momias embreadas eran de dos contrabandistas y de un pirata.
Esto no le quitó, según dijo, su afición al contrabando y a la piratería.