El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Obra lenta, laboriosa, poco lucida, y sin embargo la sola obra fecunda. Obra que no está al alcance de un ministro por hábil y bullicioso que sea, ni de política alguna. Aquí la política, lo mismo que en todo lo que se refiere a los problemas esenciales de los pueblos, tal vez sea capaz de hacer el mal, pero es impotente para hacer el bien: o es una calamidad, o no es nada; nunca es más generosa y útil que cuando se abstiene. No; la grande obra de regenerar los hogares requiere varias generaciones de hombres inteligentes y abnegados, bastante modestos para ir a enterrarse en los rincones de la campaña, bastante heroicos para quedarse allí a combatir el daño en sus raíces y para consagrarse a consolar y sanar los enfermos espíritus, El Paraguay es un vasto hospital de alucinados y de melancólicos. No son oradores ni capitalistas ni sargentos lo que nos hace falta, sino médicos, médicos amorosos cuyas manos a un tiempo curen y acaricien.