El dolor paraguayo
El dolor paraguayo No nos hemos contentado con sobrevivir a otras especies; hemos extendido nuestros dominios naturales de tal modo, que los proyectos más locamente grandiosos son posibles a nuestra imaginación. Hemos recorrido un trozo de infinito. ¿El fuego? No sólo le hemos aprisionado; le hemos domesticado y amaestrado; es nuestro, dócil, poderoso, múltiple e inagotable sirviente. ¿Fieras? Nos divertimos en cazarlas. ¿Hielo? Lo fabricamos, nos lo comemos en verano y por sport viajamos hacia el polo. ¿Torrentes? Los hacemos pararse a regar nuestros jardines. ¿Tempestad? Un vidrio la detiene. ¿Rayo? Le hemos reducido al silencio, le hemos encerrado en un hilo, le hemos obligado a velar dulcemente nuestras noches de estudio o de ensueño, y a llevar nuestras órdenes bajo la inmensidad de las aguas. Delante de lo tenebroso no hay ya en nosotros miedo, sino desafío. Al abismo ha contestado la mirada.