El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Dejemos a los juristas hablar del Estado como de una abstracción. Los que buscamos la verdad en la vida y no en el papel, los que hemos aprendido a nuestra costa que no existen otros derechos sino los arrancados con uñas y dientes a la fiera humana, sabemos que el Estado es de carne y hueso y que las más pomposas doctrinas republicanas se elaboran en el vientre vanidoso de un ministro. Hay quien agradece a los dioses que se ocupe el Estado de instruir a los niños. Es sin embargo una gran desgracia; la política es un arte mundano, una galantería entre machos y nada se opone a las condiciones de competencia y sobre todo de moralidad necesarias a un director de enseñanza pública, como las aptitudes de rapacidad y de intriga indispensables a un gobernante sólido. Forzoso es convenir en que el poder descalifica para cualquier labor técnica y productora.
