El dolor paraguayo
El dolor paraguayo ¡Ah! ¡La alegre cacería humana en la selva! ¡Los chasques llevando órdenes a los puestos vecinos! «Anoche se me fugaron dos. Si salen por estos rumbos métanles bala» (Textual). El año pasado, en las Misiones Argentinas, asesinaron a siete obreros, uno de los cuales era un niño. En Punta Porá, cuando la comisaría da por fugado a un trabajador, «fugado» significa «degollado». Hace dos meses, el patrón D. C., habilitado de la Matte Larangeira, el cual había comprado la querida de un peón por 600 pesos, tuvo el disgusto de saber la huida de la hembra con su antiguo amante y un hermano de éste. D. C. los persiguió con gente armada a Winchester; uno de los peones murió enseguida; el otro fue rematado a cuchillo. Se suele hacer fuego sin voz de alto. Las empresas sacrifican no solamente a los peones, sino a los demás ciudadanos que no les hacen el gusto. La Industrial Paraguaya, famosa en Tacurú-pucú por sus atrocidades, expulsó recientemente a las familias del pueblo para apoderarse de las expendedurías de caña, y habiéndose opuesto el señor E. R. lo hizo matar a la puerta de habitación por la policía.
Todos estos crímenes quedan impunes. Ningún juez se ocupa de ellos, y si se ocupara sería igual. ¡Está comprado!