El dolor paraguayo
El dolor paraguayo A propósito de la nacionalización de los extranjeros ha presentado La Tarde dificultades prácticas evidentes. Pero reconocerlas no es acatarlas. No es aplazamiento, pues, lo que conviene, sino preparación. El Paraguay propone plantear en seguida la reforma constitucional. Como no he tenido aún tiempo de estudiar la historia y el estado presente del país, nada útil podría yo decir sobre las apuntadas cuestiones. Personas cuya autoridad todos proclamamos son las llamadas a desarrollar los aspectos experimentales del problema. Mi objeto se reduce a insistir en un factor todopoderoso, sostén y conciencia de los pueblos: el genio nacional.
Fuera de la originalidad y de la energía no hay en el mundo cosa que valga, y, más aún que la energía, la originalidad se impone largamente. Sin forma propia la energía es del primero que llega. Así uncimos animales castrados a nuestras carretas y hacemos andar nuestros molinos con el inconstante empuje de los vientos y con el estúpido caer de las aguas. La originalidad, en cambio, se apodera de la energía, la organiza cuajándola en el molde vivo de la voluntad y la aumenta de generación en generación hacia la conquista del destino. Por eso lo más fuerte del hombre es una idea que no se dobla, y lo más formidable de una nación es la pureza de su genio, y el austero afán de conservarlo idéntico a sí mismo.
