El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Fue el paño de lágrimas de la comarca. Compasivo, se avenía en los vencimientos a rebañar la ternerilla, el par de gallinas, el fardo de hoja, el cesto de naranjas, a trueque de renovar la deuda por un mes. Don Onofre se hizo poco a poco de rancherío, campichuelos, monte, hacienda. Fomentó el comercio. Cortés y entendido, metía pleito a los acomodados. Leguleyos, agrimensores, comisionistas, asomaron por primera vez en aquellos lugares, que así nacían a la vida pública. A los mismos insolventes, de puro bueno y de puro calentón, ayudaba don Onofre cuando había en la familia alguna chicuela a punto.
Fue un personaje; viajes a la capital, miga con ricachos y con ministros. ¡Oh, nada de política! Estaba con todos los partidos, a medida que ocupaban el poder. El jefe y el juez eran suyos. Figurar en centros mejores, ¿para qué? Prefería seguir siendo la providencia de su patria adoptiva, sin moverse de ella.