El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Mientras no poseà más que mà catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.
La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos dÃas a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una lÃnea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividà la humanidad en dos categorÃas; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podÃan quitármelas. Definà el delito. El mundo se llena para mà de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.
