El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Pequeños seres extraños, pequeños monstruos que trotan, zumban, huyen, arañan, vuelan, miran o rascan; ellos encierran un sentido simbólico relacionado con designios vastos. Presiden más o menos a la suerte, y les siguen hasta su escondrijo miradas pensativas.
Las mariposas, pétalos volantes, no auguran nada malo. Son felices mensajeros, como las libélulas que lucen sus maravillosos barnices al sol. ¡Oh divinas libélulas que se aman en el aire! «Ningún gesto de mayor encanto amoroso puede imaginarse, dice Gourmont, que el de la hembra al encorvar lentamente su cuerpo azul, haciendo la mitad del camino hacia su amante, que erguido sobre sus patas anteriores, soporta, con los músculos crispados todo el peso de este movimiento. Se diría, de tal manera es inmaterial y puro el espectáculo, dos ideas que se juntan en la limpidez de un pensamiento necesario». Las mariposas hechas de seda impalpable y las libélulas cuajadas en diamantes sutiles son sonrisas fugaces de la naturaleza. Al pasar nos prometen la dicha.
Pero las avispas ocultan un aguijón envenenado y si bien las negras se limitan a anunciarnos la llegada misteriosa de un olvidado y remoto viajero, las amarillas significan muerte. El escarabajo sagrado en otras partes, no tiene la menor influencia en el Paraguay; nadie le hace caso. Si encontráis en casa una cigarra, reíd y cantad con ella; es portadora de noticias alegres.
