El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Las enfermedades comunes se prestan a mil interpretaciones. El mal de ojo —o ye haru— es de sobra conocido. El pelo puede caerse si lo tocan dedos enemigos. No os lo dejéis peinar por una mujer encinta; es cosa peligrosa. Y a propósito de las preñadas: si os piden de comer, quitáoslo de la boca para satisfacerlas. Un aborto probable serÃa el castigo trascendental de vuestra falta de compasión.
Cuando sale un grano en la punta de la lengua —cúpÃâ— procure el enfermo que otra persona pronuncie la palabra; asà contagiará su dolencia y se verá libre de ella. El orzuelo es mal de viudas. Quien padezca frecuentemente de orzuelos, se casará con viudo. Para curarlos no hay sino un procedimiento: pasarse el brazo por detrás de la nuca, y frotarse el ojo con el dedo medio mientras se dicen los nombres de siete viudas. El estornudo es enfermedad legendaria, que en su origen se sanó exclamando: ¡Jesús! Hoy todavÃa se acompaña cada estornudo con un discreto ¡Jésu! De repente, sin que sepamos por qué se rompe una aguja. Es un golpe de aire que nos estaba destinado. Un espÃritu benéfico nos salvó.
Por lo general, los remedios caseros se componen de tres especies vegetales; de cada una de ellas se toman siete semillas. El 3 y el 7 son los residuos indestructibles de una antigua fórmula mágica.