Moralidades actuales
Moralidades actuales Fácil es, en los sesudos diarios parisienses, en los que con más exquisita solicitud espían los apetitos del público burgués para halagarlos, seguir la vanidad patriotera bajo la cual se oculta la codicia nacional. Los rentistas chicos y grandes, y medianos, que después de tomar el café y el petit vene verifican sobre el mapa los heroísmos que les telegrafió el periódico, piensan lo mismo que los rond de cuir prendidos al interminable artefacto de la burocracia, que detrás del hierro va el oro, y que las hazañas de Casablanca representan negocios que emprender y explotar. La ametralladora abre paso al banquero, y la bayoneta a la segunda tropa de corredores y caballeros de industria ultramarina. Mas no es preciso leer Le Temps. La Revue des Deux Mondes, el solemne órgano de la ciencia oficial, el insondable charco de erudición académica en cuyos bordes beben asnos temibles, se frota las manos al igual del último agiotista, y se congratula hipócritamente de los mortíferos beneficios de la civilización a lo Krupp. ¡Qué alegría indecente al recordar las innumerables bajas indígenas! ¡Qué mal disimulada cobardía ante la probabilidad de que Drude se envalentone y se arriesgue a alguna aventura en que los luchadores de Marruecos hallen desquite! ¡Oh! Cumplamos las convenciones de Algeciras; no inquietemos a las demás naciones civilizadas, no avancemos al interior, no perdamos el apoyo de los cruceros, no sea que estos bárbaros, al fin y al cabo atrevidos, nos arrimen una buena y resulten más civilizados que nosotros.